En una llamada sucede que te amé
con la fuerza de la voz que nunca se apaga,
la energía del hombre que quiere volver a sentir
el fuego, la pasión, el deseo, la vida, amor, enamorada.
En una llamada sabía que te amaba,
como saben los amantes cuando usan la palabra,
porque yo alguna vez he visto esa mirada,
esa luz intensa que siempre brilla arrebatada.
En una llamada encontré la gloria,
como quien hace el amor sin tener la distancia,
y sentí que tu boca se aferraba a la mía,
y tu piel me envolvía, que el algodón nunca engaña.
En una llamada apareció tu cara,
sentí tu aliento traspasar mi oreja, desconcertada,
un aire fresco que estremeció a la mañana,
la ilusión de repente, acaso magia.
En una llamada, un beso, que por poco me abrasa,
una caricia profunda, desenfrenada,
un recorrido completo a un cuerpo que ya es mi alma:
sólo en tu ombligo travieso me instalo una temporada.
En una llamada sucede que ocurrió,
sucede que me llamabas,
que tenías un cuerpo en tu cuerpo,
y que el cuerpo se hacía agua.
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