martes, 4 de noviembre de 2008

BESOS DE CRISTAL

En un cúmulo de salivadas
silbo tu primer beso líquido
por donde limpio tus miradas,
para perderme entre tu líbido.

Pesaba un recipiente lúdico
cuando bajaste la persiana;
sabía que era un acto impúdico
porque no llamaste a mi hermana.

Son las mías visiones adversas,
intemporales y penitentes,
que fluctúan casi siempre tersas
para no comerme tus pendientes.

Unas uñas me arañan el fismo
sin que te resbale mi arrogancia;
viven pretenciosas el abismo
alterando sin piedad mi estancia.

Sale polvo de tu pérfida sien
y es veneno el que limpio me cuece;
una mosca fiel me aplaude por cien,
una cotorra me habla por trece.

Abastece crudamente el beso
que carnalmente roza tu cara;
es un enigma fugaz, travieso;
es un fujín, una cosa rara.

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