En un cúmulo de salivadas
silbo tu primer beso líquido
por donde limpio tus miradas,
para perderme entre tu líbido.
Pesaba un recipiente lúdico
cuando bajaste la persiana;
sabía que era un acto impúdico
porque no llamaste a mi hermana.
Son las mías visiones adversas,
intemporales y penitentes,
que fluctúan casi siempre tersas
para no comerme tus pendientes.
Unas uñas me arañan el fismo
sin que te resbale mi arrogancia;
viven pretenciosas el abismo
alterando sin piedad mi estancia.
Sale polvo de tu pérfida sien
y es veneno el que limpio me cuece;
una mosca fiel me aplaude por cien,
una cotorra me habla por trece.
Abastece crudamente el beso
que carnalmente roza tu cara;
es un enigma fugaz, travieso;
es un fujín, una cosa rara.
No hay comentarios:
Publicar un comentario